En 1971, Peter Sasdy dirige La Condesa Drácula, basándose en la leyenda de la Condesa Bathory que sacrificaba a jóvenes doncellas y se bañaba en su sangre, convencida de que ésta tenía propiedades rejuvenecedoras. A pesar de que no se trata el tema del vampirismo y el film no tiene relación alguna con el personaje creado por Bram Stoker, el título encuentra su justificación al final de la película, ya que es el nombre con el que el populacho bautiza a la malvada y pérfida condesa.
La película se enmarca dentro de la nueva línea de producción, de más contenido erótico (hay varios desnudos en el film), de la Hammer y supone el espaldarazo definitivo para Ingrid Pitt que había protagonizado un año antes Las amantes del vampiro y que aquí se enfrenta con éxito al reto de interpretar un doble papel, como la vieja viuda decrépita (con un maquillaje un tanto exagerado) y su contrapartida rejuvenecida en todo su esplendor físico.

La película cuenta con un buen diseño de producción realzado por una excelente fotografía de Ken Talbot, una buena interpretación de Nigel Green y la curiosidad de ver a una jovencísima Lesley-Anne Down en uno de sus primeros papeles, y en conjunto resulta muy entretenida, bien hecha y mantiene una uniformidad narrativa y técnica de alto nivel.