"¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de serlo y esparcir su aroma, llamándose de otro modo. (Romeo y Julieta, William Shakesperre)"
Basada en la exitosa novela homónima escrita por Kazuki Kaneshiro y dirigida por el prometedor Isao Yukisada, Go ganó 8 estatuillas en los Japanese Academy Awards del año 2000 entre las que se incluían las de Mejor director, Mejor Guión, Mejor actor protagonista, Mejor actriz secundaria y Mejor actor secundario. Con semejantes credenciales resulta complicado enfrentarse de forma objetiva a una película sin correr el riesgo de que las altas expectativas depositadas en ella terminen por ensombrecer la opinión final sobre el filme. Contrariamente cuando dichas expectativas se cumplen es fácil caer en la euforia ensalzando en demasía las virtudes de un filme que no pasa de la mera correción. Siempre he pensado que el tiempo es el mejor aliado con el que uno puede contar a la hora de comentar una película por ello he esperado unos días para escribir estas líneas con la intención de ser lo más objetivo posible...

Raza, patria, nación, integración... Sin duda alguna Japón es un país de contrastes, un país en el que los rascacielos conviven con los templos, los lujosos restaurantes con los tradicionales puestos de comida, un país cuya cultura es el fruto de las influencias extranjeras recibidas durante siglos y en el que el paradojicamente se sigue abogando por la pureza étnica lo que irremediablemente termina por producir un profundo sentimiento de discriminación sobre aquellos ciudadanos extranjeros residentes en Japón.
Sugihara, el joven protagonista del filme, habla japonés, parece japonés y tiene amigos japoneses y sin embargo algo le diferencia del resto: su origen coreano. Residente en Japón y estudiante en una escuela norcoreana se siente alienado ante las estrictas normas de su escuela y la discriminación que sufre por parte de la sociedad japonesa. Sugihara aprendió a defenderse desde joven y sabe que estará seguro mientras no salga del "círculo", no obstante su deseo de integración y su espiritu rebelde le llevarán a romper las normas y salir del círculo, inscribirse en una escuela japonesa y pelear para superar toda discriminación. Sin embargo semejante acto de coraje por parte del protagonista se convertirá en un viaje iniciático en busca de su propia identidad, especialmente cuando conozca a Sakurai, una bella e impulsiva joven con la que iniciará una relación sentimental la cual se verá truncada una vez que la joven averigüe el origen coreano de Sugihara.

Afortunadamente Yukisada no parece tan interesado en profundizar en la relación amorosa como en temas como la discriminación o la educación familiar, análisis por otro lado mucho más interesantes que una hipotética revisión sin más del clásico Romeo y Julieta del que Go bebe sin pudor. De este modo, las relaciones paternofiliales adquieren por momentos la condición de eje narrativo a través de la figura del progenitor de Sugihara, un hombre rudo, marcado por el racismo sufrido durante años y que intenta educar a su hijo con métodos más que cuestionables pero que contradictoriamente termina por ser el único que otorga al desorientado protagonista la opción de elegir su destino dandole una lección más fuerte que cualquiera de los muchos golpes que le propina a lo largo del metraje.

Yukisada muestra importantes paralelismos con la obra del siempre interesante Shunji Iwai al que asistió en algunos trabajos, no obstante la mirada del primero se aleja del pesimismo imperante en las películas de Iwai ofreciendo un discurso menos desalentador. Sin embargo, en algunos momentos del filme, y a diferencia de Iwai, Yukisada parece estar buscando una identidad cinematográfica que terminaría por consolidar en títulos sucesivos como la exitosa Crying out love at the center of the world (Sekai no chûshin de, ai o sakebu, 2004) o la espléndida A day on the planet (Kyô no dekigoto, 2004), y es que en Go todavía se pueden apreciar algunas reminiscencias de sus trabajos como director de videoclips, reminiscencias que van despareciendo a lo largo del metraje hasta mostrarnos la mejor cara del director. En cualquier caso, el resultado final resulta notable dando lugar a una de las películas más interesantes dentro del limitado panorama asiático que llega a nuestras pantallas, a lo que contribuye sobremanera el soberbio trabajo del plantel de actores entre los que inevitablemente hay que destacar al joven Yôsuke Kubozuka (Laundry, 2002) como Sugihara. Junto a éste, el veterano Tsutomu Yamazaki como el padre de Sugihara compone de forma magistral el que posiblemente sea el personaje más carismático del filme y pieza clave dentro de la trama ideada por Kazuki Kaneshiro. Por último destacar la siempre gratificante presencia de Kou Shibasaki como Sakurai, estrella en auge que siempre responde a las expectativas.
En definitiva, Go es una película fresca y brillante capaz de traernos un soplo de aire fresco ante la preocupante falta de ideas en el cine occidental de los últimos años...