"Antes, cuando alguien tenía un secreto que no quería compartir, subía a una montaña, buscaba un árbol, hacía un agujero y le susurraba el secreto al agujero. Luego lo tapaba con barro. De esta forma, nadie lo descubriría nunca.
Una vez me enamoré de alguien, al cabo de un tiempo ella ya no estaba. Me fuí a 2046. Pensé que podía estar allí esperándome..."
Posiblemente Wong Kar-wai sea uno de los directores más personales del actual panorama cinematográfico y el que mejor ha sabido imprimir a su obra un sello propio y característico. Nacido en Shanghai y criado en Hong Kong, Wong Kar-wai se caracteriza por desarrollar un cine introspectivo y minimalista, influenciado por la figura y la obra de Antonionni, en el que las metáforas se convierten en el instrumento ideal para narrar unas historias marcadas por innovadoras formas narrativas y por la soberbia fotografía de su colaborador habitual, Christopher Doyle.

Su obra, coherente y homogénea, como si todas sus películas fuesen partes de una misma, presenta como tema central la memoria y el tiempo pasado de unos personajes que se aferran con tenacidad a las imágenes del pasado, unos personajes que viven ordenando recuerdos, discirniendo a duras penas la verdad de la mentira, persiguiendo el fantasma de un amor imposible. Pero el cine de Wong Kar-wai también es un cine de límites; de límites espaciales en los que la cámara se mueve por espacios angostos y diminutos de los que surge el constante cruce e interacción de los personajes (miradas, roces...); y de límites temporales en los que se hipoteca el futuro para pagar un pasado que pesa sobre los protagonistas.
Rodada de forma simultánea a su precuela (In the mood for love, 2000), 2046 vio la luz en el Festival de Cannes del año 2004 en un polémico estreno en el que se exihibió un montaje provisional que dejó ciertas dudas sobre cual sería el resultado final de un trabajo que se había alargado durante 4 años y que parecía no tener fín. Meses después, añadidas nuevas escenas y con un nuevo montaje, la película se estrenó en todo el mundo ante un aclamado éxito de crítica convirtiéndose en una de las más bellas y más tristes historias de amor jamás contadas.

Pese a tratarse de la secuela de In the mood for love, en realidad 2046 cierra una historia que se iniciaría en el año 1991 con Days of being wild, pero por encima de todo, se trata del resumen de toda una filmografía, el punto donde se mezclan los motivos y obsesiones de todos los filmes del director chino.
Para entender lo que sucede en 2046 hay que partir del amor perdido por Chow Mo Wam (Tony Leung) al final de In the mood for love, la pérdida de la Su Li Zhen interpretada por Maggie Cheung y el viaje a Angkor Wat en el que Chow susurrará en el agujero de un árbol el secreto de su amor perdido.
A partir de este momento, el sensible Chow Mo Wam de In the mood for love, visiblemente afectado por la pérdida de Su Li Zhen, se convertirá en 2046 en un mujeriego, un cínico ante el amor que, incapaz de volver a amar, busca en otras mujeres aquello que encontró en su amor perdido pero sin complicaciones emocionales que repitan el sufrimiento vivido.
El personaje interpretado por Tony Leung se ha transformado en lo que se ha calificado como un "perseguidor indeciso", un personaje consumido por una obsesión pero que se resiste a vivir recordando tiempos mejores pese a ser preso de sus propios recuerdos. Su corazón roto le empuja a un movimiento constante, a una busqueda incesante del objeto de sus anhelos: su historia es la de una huída hacia delante que termina por tornarse errática y de la que terminará descubriendo que en realidad sigue persiguiendo aquello que perdió.

Este arquetipo de personaje es la evolución lógica y final de una cadena de comportamientos desarrollados por Chow tras la pérdida de Su Li Zhen y que Wong Kar-wai no llega a contar. Seguramente esta evolución sea la respuesta desarrolada por el personaje interpretado por Tony Leung para combatir el dolor tras quedar ciego de nostalgia rememorando tiempos pasados y dejando pasar las oportunidades que le depara el presente, sin embargo, y a la postre, esta respuesta terminará por ser igual de infructuosa, y es que quizás el personaje de Chow Mo Wam se trate de un personaje condenado por no haber sabido retener el amor cuando tuvo la oportunidad de hacerlo.
El título del filme, tan sugerente como abierto a interpretaciones (en el año 2046 se cumplirán 50 años de la devolución de Hong Kong), hace referencia a la habitación en la que Chow y Su Li Zhen tenían sus encuentros en In the mood for love. Inquilino ahora de la habitación contigua, como si de un ejercicio de masoquismo emocional se tratase, Chow observa lo que pasa en la habitación 2046 mientras en su propia habitación busca sustitutas parciales a la mujer que un día ocupó toda su vida.
En esa busqueda infructuosa, en esa huida hacia delante, Chow conocerá a tres mujeres que separadamente reunirán aquello que Su Li Zhen reunía: Wong Ping Wen (Faye Wong), la encarnación de la inteligencia, escritora aficionada que ayudará al protagonista en su trabajo; Bai Ling (Zhang Ziyi) en la que se hace evidente el deseo y la carnalidad; y por último, otra Su Li Zhen, interpretada por Gong Li en la que recuperará el nombre de su amor perdido, tahur profesional y apodada "La raña negra" posiblemente sea la más consciente de las tres de su ingrato papel y la que ayudará a un perdido Chow.

Pero el 2046 del título también hace referencia al libro que escribe el protagonista, un relato futurista que paradojicamente será la expresión más sincera de los sentimientos presentes de Chow.
En ese relato las personas viajan en un misterioso tren hacia 2046 con una misma intención: revivir los recuerdos perdidos, porque en 2046 nunca cambia nada...
Como el propio Wong Kar-wai afirma, 2046 es un estado mental al que acudimos cuando queremos recuperar lo que hemos perdido, cuando tratamos de conservar no solo la persona o el tiempodejado atrás sino también el momento y la atmósfera. Sería por tanto una utopía, casi un paraíso perdido. Por ello no resulta extraño que el protagonista del fime se encuentre atrapado en la evocación constante de un pasado al que se aferra escribiendo sobre un futuro que no es más que un reflejo de aquello que ya pasó.
La película gira una y otra vez en torno a un presente que arrastra el pasado y que evoca un futuro que se inspira en el pasado. LLegados a este punto lo único que les queda a los protagnistas es su memoria y Wong Kar-wai sabe que la memoria se fija en la añoranza más que en la posesión del objeto: el lamento por las ocasiones perdidas y el deseo antes de ser saciado. Para plasmarlo Kar-wai recurre a la solución estilística que ya utilizó en In the mood for love, repleto de imagenes sugerentes, pero con una diferencia significativa pues lo que en aquella simplemente se sugería en 2046 se torna explícito, aunque sin perder la habitual elegancia desarrollada por el director en todos sus trabajos.
Sin embargo 2046 sigue presentando las señas de identidad del cine de Wong Kar-wai: la impresionante fotografía de Christopher Doyle, el uso de la voz en off desde la subjetividad de los personajes supliendo los diálogos y creando momentos poéticos; la experimentación con las líneas narrativas cambiando continuamente la perspectiva del relato y el uso del fuera de campo que sugiere una realidad más allá de la imagen mostrada. La música vuelve a adquirir protagonismo, convirtiéndose por momentos en eje narrador del filme construyendo secuencias enteras sobre los temas musicales logrando una peculiar fusión de introspección psicológica y de atmósfera plástica y rítmica.

En el plano interpretativo el trabajo de todos y de cada uno de los actores resulta sobresaliente. Resulta difícil encontrar otra película oriental con tal plantel de actores, desde el soberbio Tony Leung pasando por la esporádica aparición de Maggie Cheung, el trabajo de Zhang Ziyi, Carina Lau, Gong Li o unos soprendentes Faye Wong y Takuya Kimura. Mención especial merece la sensualidad que desprende la pareja formada por Tony Leung y Zhang Ziyi, dos actores que ya coincidieron en el rodaje de Hero de Zhang Yimou. En definitiva, magnífico trabajo de unos actores en estado de gracia que más que interpretar se dedican a plasmar excepcionalmente estados de ánimo y emociones.
2046 es la culminación de una espléndida historia, una obra maestra que hace de la sensualidad, la nostalgia y la elegancia sus señas de identidad y que nos recuerda que el verdadero amor dura siempre por que nunca se olvida, y es el único capaz de hacernos vivir recordando, o morir de nostalgia... La película de Wong Kar-wai emociona y fascina como fascinaría a cualquiera ver sus sentimientos plasmados en la gran pantalla, porque, en definitiva, todos hemos estado alguna vez en 2046...